
De los siete españoles galardonados con el premio Nobel, cuatro —dos humanistas y dos científicos— estuvieron vinculados a la Residencia de Estudiantes, lo que da testimonio de los estímulos intelectuales y el ambiente interdisciplinar que en ella se cultivaron.
Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), Nobel de Medicina en 1906, fue el primer presidente de la JAE y su prestigio e influencia se proyectaron en todas las instituciones culturales y científicas creadas en su seno. Mantuvo una estrecha relación con la Residencia (como muestran las únicas imágenes en movimiento que se conservan de él, sentado frente al Pabellón Central) y se convirtió en el maestro de científicos como Pío del Río Hortega y Juan Negrín. El residente Severo Ochoa (1905-1993), que recibió el Nobel de Fisiología y Medicina en 1959, fue ayudante de Juan Negrín en su laboratorio de la Residencia, donde compartió trabajo y estableció amistad con otros científicos notables, como el también residente Francisco Grande Covián.
En el ámbito de las letras, Juan Ramón Jiménez (1881-1958), Nobel de Literatura en 1956, vivió en la Residencia entre 1913 y 1916, colaboró en el diseño de los jardines de la Colina de los Chopos (como él la bautizó) y dirigió sus publicaciones. En cuanto a Vicente Aleixandre (1898-1984), impartió un curso en la Residencia ya en 1920 y participó en muchas de sus actividades como miembro de la Sociedad de Cursos y Conferencias. En 1977 la Academia Sueca le otorgó el Nobel de Literatura en representación de la generación del 27.
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