Jesús Bal y Gay, en su juventud músico y
poeta, se movía en un ambiente en el que se formaron
grandes figuras de la intelectualidad gallega: sus amigos
del Círculo de las Artes de Lugo, sus compañeros
de bachillerato, los poetas futuristas o los pintores que
querían romper con la tradición. Nacido en
la ronda de Castilla de Lugo, justo enfrente de la Puerta
de la Estación, Jesús Bal transitó
entre diferentes intereses, siempre intelectuales, arropado
por un padre indiano, maduro y comprensivo que le permitió
escoger, probar y hasta equivocarse. En los documentos reunidos
en este primer espacio pueden verse fotos de sus amigos
Souto, Johán, López Otero, los hermanos Pimentel
y Correa Calderón, así como una muestra de
sus lecturas de aquella época, que escogía
en la librería Alonso y que reflejan su preferencia
por los autores rusos, Juan Ramón Jiménez,
José Ortega y Gasset o Ramón del Valle-Inclán,
y cómo ya desde joven puso su mirada en la vanguardia,
lo único que para él realmente podría
remover los cimientos de la sociedad gallega. Son elementos
destacados de sus primeros años de juventud la imprenta
de la plaza de Campo Castillo y la revista Ronsel,
en cuya editorial publicó su primer libro, Hacia
el ballet gallego, y que le abrió al joven Bal
muchas puertas —y algunas ventanas—. Dotado
para las matemáticas y con buen expediente académico,
Jesús Bal miraba con tranquilidad y con cierta distancia
un futuro profesional que al principio le palntearía
algunas dudas: ¿Medicina, Ingeniería…?
Madrid iba a ser su destino. De fondo, siempre la música
del piano de su hermana Carmencita, comprado por su padre
en la tienda de Canuto Berea.