El maestro
Manuel de Falla (1926-1946)
 

Buena parte de las peripecias vitales de Jesús Bal giraron en torno a Manuel de Falla, hasta el punto de que llegó a casarse con su alumna, la pianista Rosita García Ascot, procedente de una familia culta, acomodada, muy musical y republicana que un Bal joven, tímido, inteligente y profundamente seguidor de Falla, como no podía ser de otra manera, comenzó a frecuentar. La vida de la pareja estuvo íntimamente ligada a la figura de Manuel de Falla, tanto en los grandes momentos de estrenos y glorias compartidas como en la enorme soledad del destierro o de la distancia insalvable que trae consigo una guerra civil.
En casa de los Bal, las fotografías dedicadas con los retratos de Pedrell, de Granados o de Ravel se apretaron durante toda una vida sobre el piano, al igual que las partituras anotadas por Falla se amontonaron en el atril.
Mucho de cuanto Jesús Bal escribió versó sobre Falla, desde sus primeros artículos, críticas, análisis, ensayos o apuntes hasta su gran estudio sobre el compositor, tan necesario, pero que nunca concluyó. Rosita, por su parte, interpretó al maestro en España, en París, ante Nadia Boulanger o ante Ravel. Todo Falla, sólo Falla. Como al maestro le habría gustado.

Manuel de Falla (1926-1946)
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