Galicia (1927-1928)
 

Jesús Bal viajó a Madrid con la intención de estudiar «alguna ingeniería», aunque luego se decidió por la medicina. Desde su llegada a la ciudad comenzó a frecuentar las colas de los teatros, los debates tras los conciertos, los estrenos, las zarzuelas y las tertulias de la capital. En sus apuntes de clase son muchos los borradores de poesías que se conservan, entre los números y los dibujos de sus proyectos de Ingeniería. Galicia seguía ocupando gran parte de su espacio vital como demuestran su labor como recolector del folklore gallego por sugerencia del doctor López Suárez; las críticas de música, de poesía y de arte que escribió en las páginas del periódico El Pueblo Gallego; el interés que en sus artículos reflejaba por las exposiciones de Souto, de su entrañable amigo Carlos Maside, de Juan Luis, o de su admirado Castelao, como por los versos de Pimentel, de Correa Calderón, de Amado Carballo o de Manuel Antonio; y, por último, su debate público sobre teatro con Rafael Dieste o con Fernández Armesto. Jesús Bal fue cambiando lentamente, aún sin terminar de decidirse, la creación por la acción. Sin embargo, la música —en el café, o tocando alguna sonata de Beethoven en casa de García Sabell—, seguía siendo una constante vital para él.
Su participación en el círculo selecto del Seminario de Estudios Gallegos obligó a Jesús a hacer del tren su segunda casa, yendo y viniendo entre Galicia y Madrid, discutiendo, disfrutando su particular «dulzura de vivir»... y siendo muy polémico cuando la acción política le obligaba a levantar la voz.



Galicia (1927-1928)
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