En el verano de 1928 muere su madre doña Amparo Bidón. Cernuda decide abandonar Sevilla y empezar una vida nueva. Sus primeros pasos le llevan a Málaga -donde se reúne con Manuel Altolaguirre, Emilio Prados y José María Hinojosa-, a Madrid -donde conoce a Vicente Aleixandre- y a Toulouse, donde por mediación de Salinas, obtiene un puesto de Lector en l'École Normale. Las lecturas previas de la obra de Gide y los siete meses que vive en Francia ayudan al joven poeta a reconciliarse con su homosexualidad. Por otra parte, cuando en junio de 1929 regresa a Madrid, lleva consigo algunos poemas de su primer libro surrealista, Un río, un amor. A principios de 1930, a la vez que Cernuda comienza a trabajar en la librería de León Sánchez Cuesta, apoya diversos intentos por lanzar un movimiento surrealista español.
El 14 de abril de 1931 se instaura la II República. Por estas fechas, y tal vez a raíz de su relación amorosa con Serafín Fernández Ferro, Cernuda escribe Los placeres prohibidos, un libro de poemas que celebra el amor homosexual en términos que desafían la rígida moral social del momento. El desenlace de esta relación parece haber inspirado también los poemas desolados de Donde habite el olvido, algunos de los cuales empiezan a ver la luz en la revista Héroe (1932-1933), dirigida en Madrid por Manuel Altolaguirre y Concha Méndez.
En el verano de 1934 Cernuda coincide en Málaga con Bernabé Fernández-Canivell, Emilio Prados, Miguel Prieto y los hermanos Darío y Gerardo Carmona. La feliz estancia da origen a los primeros poemas de Invocaciones (1934-1935), un libro dedicado sobre todo a recrear el mito del mar y de la tierra andaluces.