Además de un profesor muy estimado y un científico particularmente reconocido, Terán fue uno de nuestros escasos geógrafos que participaron con entidad en el mundo intelectual de su momento, a la vez que uno de los pocos intelectuales que ejercieron un magisterio en la geografía de entonces, prolongado y mantenido luego en una amplia escuela. Manuel de Terán supo unir ciencia y cultura de modo ejemplar e influyente. Introdujo un carácter humanista en la geografía y situó a ésta con calidad en el mundo cultivado que le rodeaba.
Su formación, su actividad como profesor, las excursiones escolares y los viajes que realizó, las instituciones en las que desarrolló su labor y los maestros, compañeros y alumnos con quienes se relacionó dan testimonio de la calidad de este entorno intelectual y de la efectiva conexión que con él mantuvo Terán.
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