[Texto escrito con motivo del homenaje a Manuel de Terán en el centenario de su nacimiento, en 2004]
Mi conocimiento personal del profesor Manuel de Terán tuvo primeramente lugar como alumno suyo en primer curso de Ciencias Políticas (1964-1965), el último que se impartía en la vieja facultad de San Bernardo, donde aprecié el esfuerzo por llevar a cabo su magisterio, con muy escasos medios didácticos salvo su voz y el recurso al ir y venir por los pasillos entre las bancadas para reclamar la atención de más de doscientos alumnos venidos de toda España, de Palestina, de Etiopía, de Siria, de América Latina, éstos muy inquietos a los que en alguna ocasión hubo de amonestar, a disgusto, el propio don Manuel. Sus clases de Geografía Humana se completarían con la lectura de algunos capítulos de su obra Imago mundi: Geografía Universal, además de las prácticas voluntarias, impartidas por su ayudante por entonces Jesús Oya, y alguna conferencia magistral de profesores invitados como Pierre George. Entre los profesores de la facultad de Políticas y Económicas, unos pocos reductos del falangismo y otros liberales, destacaban los que fueron discípulos de Ortega (Paulino Garagorri, Luis Díez del Corral, José Antonio Maravall) o de la Institución Libre de Enseñanza, por su comportamiento y ejemplaridad magistral como los profesores Manuel de Terán y Antonio Truyol Serra.
Poco tiempo después retomaba la docencia del profesor Terán, en la Facultad de Filosofía y Letras, en dos de las asignaturas que impartía en la especialidad de Geografía e Historia, primera promoción de la subsección de Geografia, las de Geografía de Europa y Geografía Urbana, que concluiría en el curso 1970-1971. El ámbito y el grupo de alumnos eran muy distintos al de Políticas. La cercanía y el diálogo profesor-alumno era muy incentivado por don Manuel. La geografía de Europa era motivo para la discusión ideológica, al entrar en la explicación del subdesarrollo, por ejemplo, de Albania, el país más ignoto por entonces, y ahí mostraba ante nosotros su dominio de los recursos estadístico y cartográfico además de las fuentes de información originarias. Su docencia nos llegaba de una forma muy viva por las referencias frecuentes que hacía a sus experiencias personales y viajeras de gran observador de la realidad.
Pero, donde se podían captar mejor las capacidades de análisis geográfico del profesor Terán y de donde algunos de sus alumnos de aquel curso y siguientes en esta materia pudimos aprovechar para nuestra investigación inicial de tesis doctoral, fue a partir de su docencia de Geografía Urbana. Queda la semblanza de un don Manuel en la clase de primera hora de la mañana, que llegaba a clase a veces, según nos confesaba, después de la noche en blanco leyendo los últimos libros de la materia, que se impartía por primera vez en nuestra Universidad Complutense. Esfuerzo y responsabilidad docente, a la vez que la búsqueda de fuentes de información y estudios comparativos de toda procedencia, de las escuelas francesa, alemana, italiana o británica, o la precisa utilización de términos geográficos y recuperación de algunos, recuerdo el de «alfoz», se daban en sus explicaciones. En mi opinión, en aquellos años destacaba ya en su obra el carácter de profesor como el de académico, reconocido después por las Academias de la Historia y de la Lengua.
Su programa de Geografía Urbana en ese primer año de docencia estaba centrado en ocho temas, que podemos recuperar hoy en lo esencial a través de las anotaciones de curso:
1. El Urbanismo, ciencia de convergencia. Definición de ciudad y civilización urbana (de Spengler a Ratzel y de Lefebvre al propio Terán). Geografía Urbana.
2. Historia de la ciudad europea, desde la etapa de Grecia. Herencia del pasado en la ciudad actual.
3. Condiciones naturales: situación y emplazamiento. Tipología de ciudades. Ejemplo «nuestro Madrid».
4. Morfología de la ciudad: El plano y sus tipos. La ordenación del espacio urbano y sus modelos.
5. Crecimiento de la ciudad: el barrio, el centro, banlieue, ciudad satélite, conurbación y megalópolis.
6. Demografía de la ciudad: crecimiento de la población; densidad; composición por sexo, edad y profesiones; movilidad socioespacial.
7. El trabajo en la ciudad. Sectores y funciones. Los mercados y abastecimiento de la ciudad.
8. La ciudad y la región: áreas de influencia, centralidad y jerarquía en la red urbana.
A través de esta temática, inmersa en la tradición clásica geográfica, caracterizada por un planteamiento histórico, la importancia del medio físico y relevancia de los elementos morfológicos (como comprueba Rafael Mas Hernández, «Sobre la Geografía Urbana en España», en III Semana de Estudios Urbanos, Lérida 1986, págs. 168-169); se añade también una cierta preocupación por lo social, lo económico y lo espacial, es decir, con una caracterización más innovadora en la línea de lo que sería patente poco después en otros programas de Geografía Urbana en la universidad española, tal como el de Horacio Capel y Ramón Grau (curso 1974-1975 en la Universidad de Barcelona, con temas innovadores sobre la imagen de la ciudad; el concepto de ciudad y la urbanización moderna; la estructura interna de las ciudades; el sistema urbano; la planificación urbana). Como añade Rafael Mas en el artículo anteriormente citado, el propio Terán ya había explicitado la necesidad de dar entrada a temáticas nuevas en su trabajo sobre «La ciudad como forma de ocupación del suelo y de organización del espacio» (1966), de modo que «una vez desbrozada la senda para la reinterpretación de la ciudad, el protagonismo directo de Terán deja paso a la labor de sus discípulos, que coincidirá a comienzos de los años 70 con otro grupo de geógrafos» (pág. 175).
Llegamos al final de este breve testimonio. El magisterio del profesor Terán ha estado para mí estrechamente unido a la vocación docente e investigadora, pero también a su modo de comportamiento personal y profesional al servicio de la comunidad, la apertura de miras y la preocupación por los temas relevantes sociales y territoriales de cada momento. Él vivió en un tiempo muy crítico y convulsivo para nuestra sociedad europea y española. Los que le conocimos en sus últimos años de vida docente, hemos de valorar especialmente su actividad en aquellos momentos duros de su vida personal y también en la vida universitaria madrileña, y ahora nos resta transmitir a las generaciones posteriores el prototipo de personalidad de un geógrafo vocacional e íntegro, dentro y fuera de las aulas universitarias, y de un profesor en el dominio de temáticas muy diversas, pero en especial, creo, la más querida por él, la geografía de las ciudades. |