
La preocupación de Le Corbusier por la vivienda le llevó también a reflexionar sobre el papel del mobiliario. Desde las páginas de su libro L’art décoratif d’aujourd’hui, publicado en 1925, Le Corbusier mostró su interés por el diseño práctico de los muebles de oficina, los productos fabricados en serie o el equipamiento de los camarotes de los barcos, buscando en ellos una vía para la renovación, en oposición a la decadencia del mobiliario burgués.
Para Le Corbusier «los objetos-miembros humanos son objetos-tipo que responden
a necesidades-tipo: sillas para sentarse, mesas para trabajar, aparatos para iluminar». Esta reflexión de 1925, unida a la incorporación de Charlotte Perriand a su estudio en 1927, desembocó en una actitud más normativa en la producción del mobiliario. La fecunda colaboración entre ambos diseñadores dio lugar a la creación de una serie de muebles, entre los que destacan la silla pivotante, la butaca con respaldo basculante o la chaise longue. En estas piezas sus creadores proponen un significativo diálogo entre lo orgánico y lo geométrico que se enfatiza con la oposición entre los materiales utilizados.
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